lunes, 26 de diciembre de 2011

“En el arbitraje de Río Cuarto no hay hambre de gloria”

Cuando en 1990 Ariel González llegó a Río Cuarto desde Achiras para estudiar Educación Física en la Universidad Nacional ni se imaginaba que durante dieciocho años sería árbitro de fútbol. Lo que sí se propuso, cuando decidió dedicarse al arbitraje en 1991, fue llegar a lo más alto. “Mi primer objetivo fue dirigir en la cancha de Estudiantes y mi primer clásico frente a Atenas fue en ese estadio. Luego, mi otro objetivo fue empezar a conocer lugares más allá de los que conocía de la provincia de Córdoba. Y fue dirigiendo en los torneos argentinos y en la Primera B Nacional que pude recorrer varias ciudades y conocer diferentes puntos del país”.
Ariel González es uno  de los árbitros surgido en el seno de la Liga Regional de Fútbol de Río Cuarto que más alto llegó en el referato del fútbol nacional. Desde 1996, año el que comenzó a dirigir en el Torneo Argentino A, hasta diciembre de 2010, fecha en la que Francisco Lamolina, vicepresidente del Colegio de Árbitros de la Asociación del Fútbol Argentino, decidió terminar con su contrato, estuvo ligado al arbitraje llegando a dirigir importantes partidos en la Primera B Nacional.
-¿Cómo es la vida del árbitro?
Es bastante sacrificada. Muchos piensan que es simplemente entrenar e ir  a dirigir los fines de semana. Es una profesión dura porque los entrenamientos son muy exigentes y además los fines de semana no podes disfrutar con tu familia.
- ¿Qué recordas de tu primer partido en la Primera B Nacional en el que dirigiste Godoy Cruz – Unión el 11 de septiembre de 2004?
Lo primero que recuerdo es que pude estar en terreno de juego con jugadores que antes veía en la televisión. En ese partido lo tuve que a dirigir a Roberto Trotta. Tampoco me puedo olvidar del recibimiento de la hinchada de Godoy Cruz que fue impresionante. Pero lo que más me llenó de satisfacción ese día fue ver en la tribuna a mis compañeros y amigos árbitros que fueron a verme en mí debut. Ese día estuvieron en Mendoza José Díaz y su hijo, Jorge Benítez, Juan José Dardanelli y Fernando González.
- ¿Cómo hace un árbitro para abstraerse del contexto?
Al principio te cuesta mucho concentrarte. Con el correr de los partidos te vas acostumbrando y se transforma en algo normal. Pero en los primeros partidos no fue nada fácil y muchas veces influye en la toma de decisiones.
¿Qué análisis haces de tu formación?
Fue muy buena. Mario Rosarolli fue mi instructor y más allá de que todos nacemos con una determinada personalidad él me enseñó a separar la amistad y el trabajo dentro del campo de juego. Otra de las cosas que me enseñó fue a dominar el miedo dentro de la cancha.
Dirigiste mucho partidos que fueron televisados ¿Te preparabas de manera distinta cuándo te tocaba el partido televisado?
A todos los partidos los jugué igual. Para mí el fútbol es el mismo en la Liga de Profesionales como en la Primera B Nacional y me lo tomaba con la misma responsabilidad y la misma actitud.
¿La cuota pendiente fue no haber llegado a dirigir en Primera División?
Junto a Ricardo Pierangelli, con quien entrenábamos juntos en Río Cuarto, siempre decíamos que íbamos a dejar todo hasta el día en que nos dijeran que hasta acá llegamos. Y decíamos eso porque dejamos todo para lograr nuestro objetivo y no nos quedó nada por reprocharnos. Obviamente que siento el dolor de no haber llegado a Primera División pero eso ya es secundario porque no dependió de mí sino que de la persona que decidió que no estaba preparado para eso.

Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista Contragolpe de septiembre.

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